Después de 22 años organizando eventos, sigo sintiendo frustración cuando un cliente no queda satisfecho. No porque no acepte las críticas, sino porque siempre intento poner todo mi esfuerzo, experiencia y pasión en cada proyecto. La diferencia es que hoy entiendo algo que antes me costaba asumir: por mucho que te impliques, no siempre vas a cumplir las expectativas de todo el mundo.
