El día que entendí que un problema no siempre necesita una explicación

 

Hay veces que la mejor decisión no es contar todo lo que ha pasado, sino centrarte en solucionarlo.

Serie 3 · Lo que he aprendido en 22 años organizando eventos

Cuando empiezas a organizar eventos piensas que la transparencia consiste en explicarlo todo.

Qué ha pasado. Por qué ha pasado. Quién tomó cada decisión. Y cómo has llegado hasta ese punto.

Durante muchos años pensé que esa era la mejor manera de trabajar.

Hasta que entendí que, en algunas situaciones, explicar demasiado no ayuda a nadie.

Y, en ocasiones, incluso puede perjudicar el trabajo que tanto esfuerzo ha costado sacar adelante.

Ser transparente no siempre significa contarlo todo. A veces significa resolver el problema sin convertirlo en uno mayor.

Hace poco viví una situación que me hizo reflexionar mucho.

Durante la Semana Santa Verde de Alfaro organizamos varias experiencias gastronómicas.

El trabajo salió adelante.

El Ayuntamiento quedó satisfecho. 

El evento funcionó.

Sin embargo, algunos asistentes consideraron que los pinchos servidos durante las catas eran escasos.

Podría haberme limitado a escuchar la crítica.

Pero decidí explicar cómo se había tomado aquella decisión y cuáles habían sido las circunstancias.

Lo hice porque pensaba que, entendiendo el contexto, sería más fácil comprender el resultado.

Con la mejor intención.

Con el paso de los días comprendí algo.

Las personas que disfrutan un evento no siempre buscan conocer el proceso.

Lo que esperan es una buena experiencia.

Y cuando algo no cumple sus expectativas, la explicación rara vez cambia su percepción.

A veces incluso ocurre lo contrario.

Cada dato adicional abre nuevas preguntas.

Cada matiz genera otra interpretación.

Y una conversación que podría terminar pronto acaba creciendo mucho más de lo necesario.

No se trata de ocultar la realidad.

Se trata de entender qué necesita realmente la otra persona.

La experiencia me ha enseñado que no siempre gana quien habla más.
 
Muchas veces gana quien resuelve mejor.

Si hoy volviera a vivir aquella situación, actuaría de otra manera.

Escucharía.

Agradecería la opinión.

Buscaría una solución si realmente es posible.

Y seguiría adelante.

No porque quiera esconder un error.

Sino porque he aprendido que mi responsabilidad no es convencer a todo el mundo de que tengo razón.

Mi responsabilidad es organizar el mejor evento posible.

Hay conversaciones que ayudan a construir.

Y otras que solo prolongan un problema que ya estaba resuelto.

Aprender a distinguir unas de otras también forma parte de esta profesión.

Lo que aprendí aquel día

No todos los problemas necesitan una explicación perfecta.
 
Muchos solo necesitan una solución, aprendizaje y la serenidad suficiente para seguir adelante.
 
Eso también es experiencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.