Lo que nadie te dice sobre liderar equipos

Después de tantos años, he descubierto que liderar no consiste en dirigir personas. Consiste en cuidar las relaciones entre ellas.

Durante muchos años pensé que una de las partes que más me gustaban de mi trabajo era organizar eventos.

Con el tiempo descubrí que no.

Hay otra cosa que realmente me apasionaba y es construir equipos.

Ver cómo personas que no se conocían acababan trabajando como si llevaran años juntas.

Encontrar el sitio donde cada uno podía dar lo mejor de sí.

Descubrir talentos que ni ellos mismos sabían que tenían.

Por eso, cuando hace unas semanas decidí dejar de gestionar directamente la parte de personal de la empresa, no fue una decisión sencilla.

Fue una de las más difíciles que he tomado.

Liderar personas no siempre consiste en estar al frente. A veces consiste en saber cuándo otra persona puede hacerlo mejor.

Cuando lo personal y lo profesional se mezcla

Nuestro sector tiene una particularidad.

Muchas de las personas que trabajan con nosotros llevan años formando parte del proyecto.

Algunas llegaron siendo estudiantes. Otras son amigos. Algunas incluso son familiares.

Y eso hace que las relaciones sean muy cercanas.

Pero también convierte cada decisión en algo mucho más delicado.

Elegir quién coordina un equipo. Quién asume más responsabilidades. Quién está preparado para un determinado puesto.

Desde fuera parece una decisión sencilla. Desde dentro nunca lo es.

Porque siempre habrá alguien que interprete esa decisión desde la emoción y no desde el trabajo realizado.

Y gestionar esas emociones acaba siendo mucho más difícil que organizar cualquier evento.

La decisión más difícil

Hace poco entendí que había llegado el momento de cambiar.

No porque dejara de gustarme esa parte del trabajo. Al contrario.

Sigue siendo una de las cosas que más disfruto.

Pero precisamente por eso comprendí que necesitaba protegerla.

Había llegado un punto en el que las conversaciones difíciles, los malentendidos y la presión emocional ocupaban más espacio que el propio desarrollo del equipo.

Y eso no era bueno ni para ellos, ni para mí, ni para la empresa.

Por eso decidimos formar a otra persona para asumir esa responsabilidad.

No fue un paso atrás. Fue una decisión pensada para que el equipo siguiera creciendo.

Y, curiosamente, creo que también ha sido una forma de ejercer el liderazgo.

Con los años he aprendido que un buen líder no es quien más habla. 
Es quien consigue que las personas trabajen juntas con respeto y confianza.

Lo que significa liderar para mi

Durante mucho tiempo confundimos liderazgo con autoridad, como si liderar consistiera en dar órdenes o controlar cada detalle.

Mi experiencia me dice justo lo contrario. Un líder escucha antes de decidir.

Corrige sin humillar. Reconoce el trabajo bien hecho.

Marca límites cuando es necesario.

Y entiende que cada persona aporta algo diferente.

No todos destacan por lo mismo.

Hay quien transmite calma cuando todo se complica.

Quien resuelve problemas con rapidez.

Quien tiene una capacidad increíble para tratar con el público.

Quien hace que el resto del equipo se sienta cómodo.

Liderar consiste en descubrir esas fortalezas y darles el espacio para crecer.

Porque un equipo funciona cuando cada persona siente que su trabajo importa.

Y cuando sabe que será valorada por lo que aporta, no por la relación que tenga con quien dirige.

La mayor lección

Sigo creyendo que los mejores eventos los hacen las personas.
 
Y que el mejor liderazgo no se mide por la autoridad que ejerces, sino por el respeto que consigues generar.
 
Porque cuando un equipo se respeta, todo lo demás empieza a funcionar.

El coste que nadie ve

Durante meses he dormido mal. 

No por la organización de los eventos.

No por los presupuestos.

Ni siquiera por los imprevistos.

Lo que realmente me quitaba el sueño era algo mucho más difícil de gestionar.

Tener que decidir quién ocupa cada puesto.

Quién coordina un equipo.

Quién está preparado para asumir más responsabilidad.

Porque cuando trabajas con personas que llevan años contigo, algunas de ellas amigas o incluso familiares, cada decisión deja de ser únicamente profesional.

Sabes que habrá quien no la entienda.

Quien piense que no le has valorado lo suficiente.

Quien se sienta decepcionado.

Y, en ocasiones, quien decida alejarse de ti también en lo personal.

Eso duele.

Mucho más de lo que imaginaba cuando empecé a liderar equipos.

La decisión más difícil puede ser la correcta

Hace unas semanas decidí dejar de gestionar directamente la parte de personal de la empresa.

No porque dejara de gustarme. De hecho, sigue siendo una de las partes que más me apasionan de mi trabajo.

Me encanta descubrir el talento de las personas, ayudarlas a crecer y ver cómo un grupo termina convirtiéndose en un verdadero equipo.

Pero también entendí que el peso emocional de esas decisiones estaba siendo demasiado grande.

Hoy siento alivio.

Ese cambio me permite centrarme en una parte más estratégica y directiva de la empresa, donde puedo seguir aportando valor de otra manera.

Pero también siento cierta tristeza.

Porque, a veces, crecer profesionalmente significa alejarte precisamente de aquello que más disfrutabas.

Y aceptar eso también forma parte del liderazgo.

«He descubierto que liderar no es conseguir que todo el mundo esté de acuerdo contigo. Es tomar decisiones que crees justas, incluso cuando sabes que algunas personas no las entenderán.»

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