Porque las personas que están detrás también forman parte de la experiencia.
Serie: Detrás del evento: el equipo
Cuando pensamos en la experiencia de un evento solemos fijarnos en lo visible.
- La decoración.
- La comida.
- La música.
- La programación.
Pero después de muchos años organizando eventos he aprendido que hay algo que influye muchísimo más de lo que parece.
El ambiente que transmite el equipo.
Y lo curioso es que la mayoría de las veces ocurre sin que nadie sea realmente consciente de ello.
El público puede no conocer a tu equipo, pero siempre percibe cómo trabaja.
La energía también se contagia
Hay eventos donde todo parece fluir.
Las personas sonríen.
La comunicación es natural.
Los pequeños problemas se resuelven sin tensión.
Y el público lo percibe.
No sabe exactamente por qué.
Pero se siente cómodo.
De la misma forma, cuando existe nerviosismo, desorganización o mal ambiente, también se transmite.
A veces de forma muy sutil.
Pero se transmite.
Más allá de las tareas
Cuando organizamos un evento solemos hablar de funciones: quién sirve, quién coordina, quién monta, quién recibe a los asistentes.
Pero pocas veces hablamos de algo igual de importante: la actitud.
Porque dos personas pueden hacer exactamente el mismo trabajo y generar sensaciones completamente diferentes.
La experiencia no solo la construye el evento. También las personas que lo hacen posible.
Lo que he visto durante estos años
Después de más de dos décadas trabajando en eventos he comprobado algo una y otra vez.
Los mejores equipos no siempre son los más grandes.
Ni los más experimentados.
Ni siquiera los más rápidos.
Son los que consiguen generar confianza.
Los que ayudan cuando hace falta.
Los que mantienen el buen ambiente incluso cuando el cansancio aprieta.
Y eso tiene un efecto directo sobre la experiencia del público.
El valor del buen ambiente
Hace unas semanas hablaba de las fiestas de San Juan del Monte.
Tres días intensos. Miles de comidas servidas. Muchas horas de trabajo.
Y, como ocurre en cualquier evento exigente, momentos de cansancio.
En situaciones así, el ambiente del equipo se vuelve fundamental.
Porque cuando existe compañerismo, todo resulta más sencillo.
Y esa sensación acaba llegando también a quienes están disfrutando del evento.
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Las personas olvidan muchos detalles.
Pero rara vez olvidan cómo les hizo sentir una experiencia.
Lo que el público recuerda
Cuando termina un evento, pocas personas recuerdan exactamente los horarios.
O quién estaba en cada puesto.
O cuántas personas formaban el equipo.
Pero sí recuerdan la sensación general.
Si fueron bien atendidos.
Si se sintieron cómodos.
Si percibieron cercanía.
Y aunque no lo parezca, gran parte de esa percepción nace del equipo.
De cómo trabaja.
De cómo se comunica.
Y de cómo se relaciona entre sí.
La parte invisible de la experiencia
Después de muchos años organizando eventos tengo claro que el público no solo disfruta de lo que ve.
También percibe lo que ocurre detrás.
Por eso un buen equipo no solo hace que el evento funcione.
Hace que la experiencia se sienta diferente.
