Cuando trabajas en eventos, hay algo que aprendes muy rápido: pocas cosas son realmente estables.
Los horarios cambian. Los montajes se alargan. Los equipos crecen y se reducen según las necesidades de cada proyecto. Y las semanas tranquilas pueden convertirse en un auténtico maratón de trabajo casi sin previo aviso.
Por eso, después de más de veinte años organizando eventos, hay algo que valoro más que nunca: las personas que siguen ahí.
Un sector donde la gente va y viene
En nuestro trabajo es habitual contar con personal extra.
Muchos son estudiantes que compatibilizan los eventos con sus estudios. Otros buscan una experiencia laboral diferente o un ingreso adicional durante una temporada.
Algunos trabajan con nosotros una vez. Otros durante unos meses, y después siguen su camino.
Es algo completamente normal y forma parte de la realidad del sector.
Por eso resulta tan especial cuando hay personas que no se quedan unas semanas o unos meses, sino años.
Cuando llegan las semanas intensas
Hace apenas unos días hemos vivido una de esas semanas que ponen a prueba cualquier organización.
Las fiestas de San Juan del Monte en Miranda de Ebro.
Tres jornadas consecutivas sirviendo comida para más de 1.000 personas cada día. Cuando ves la cifra sobre el papel impresiona. Cuando la vives desde dentro, todavía más.
Porque detrás de esos números hay horarios interminables, coordinación constante, resolución de problemas y decenas de personas trabajando al mismo tiempo.
Y es precisamente en esos momentos cuando entiendes el valor de tener un núcleo estable.
Más importante que la experiencia
La experiencia ayuda, por supuesto, pero con los años he descubierto que hay algo incluso más importante: La actitud.
Las ganas de colaborar. La capacidad de ayudar a quien llega nuevo. El buen ambiente.
Porque cuando el cansancio aparece, y siempre aparece, es eso lo que marca la diferencia.
Un equipo puede estar perfectamente organizado sobre el papel.
Pero si no existe compañerismo, todo se vuelve mucho más difícil.
El verdadero valor de los veteranos
Cuando pienso en las personas que llevan años trabajando conmigo, no pienso solo en trabajadores, pienso en compañeros de viaje.
Personas que han estado presentes en cientos de eventos, que han vivido los buenos días y los complicados.
Que conocen las exigencias de este trabajo y que siguen manteniendo la ilusión.
Ellos ayudan a que todo funcione, pero también ayudan a que los demás quieran quedarse.
Y eso tiene un valor enorme.
Lo que realmente sostiene un evento
A veces pensamos que los eventos se sostienen gracias a la planificación, los presupuestos o la logística.
Y claro que son importantes.
Pero después de más de dos décadas en este sector, cada vez tengo más claro que lo que realmente sostiene un evento son las personas.
Especialmente aquellas que siguen ahí cuando pasan los años.
Las que aportan calma cuando todo va deprisa.
Las que convierten un grupo de trabajadores en un equipo.
Y las que consiguen que, incluso en medio del caos, exista estabilidad.
Los que entienden sin necesidad de explicar
Hay personas que llevan tanto tiempo trabajando contigo que muchas cosas ya no necesitan palabras.
Saben cómo funcionan los eventos. Conocen los ritmos. Detectan los problemas antes de que aparezcan. Y, sobre todo, entienden la filosofía de trabajo.
No porque alguien se la haya explicado una y otra vez, sino porque la han vivido.
Después de tantos años compartiendo jornadas, montajes, desmontajes, comidas, reuniones e imprevistos, se crea algo difícil de describir.
Una confianza que simplifica mucho las cosas.
Lo que perciben los que llegan nuevos
Hay algo que me llama la atención cada temporada.
Las personas nuevas detectan muy rápido cuándo existe un equipo de verdad, lo notan en los pequeños gestos, en cómo se habla la gente, en la facilidad con la que se resuelven los problemas, en la ausencia de tensiones innecesarias.
Y muchas veces eso hace que quieran volver.
Porque nadie quiere formar parte de un lugar donde todo es caos.
Pero sí de un lugar donde, incluso dentro del caos, existe estabilidad.
