Cuando un «no» nunca parece suficiente

Después de tantos años organizando eventos, sigo sorprendiéndome de la dificultad que tenemos para aceptar que no siempre somos la opción elegida.

Después de más de 22 años organizando eventos hay una frase que, cada vez que la escucho, ya sé cómo va a terminar la historia.

«Ya hablaré yo con el alcalde.»

«Ya llamaré al Ayuntamiento.»

«Hablaré con quien haga falta.»

Y siempre me deja la misma sensación.

Porque detrás de esa frase casi nunca hay una conversación.

Lo que suele haber es un intento de cambiar una decisión que ya se ha tomado.

La profesionalidad también consiste en aceptar que, a veces, no somos la opción elegida.

Hace unos días vivimos una situación que me hizo volver a pensar en ello.

Después de valorar diferentes perfiles, elegimos a una actriz para presentar un certamen.

Como ocurre en cualquier proceso de selección, había otras personas perfectamente válidas. Simplemente, ese año habíamos considerado que otra opción encajaba mejor con el proyecto.

Sin embargo, una de las profesionales decidió llamar directamente a la alcaldesa.

No para pedir una oportunidad.

No para presentar una nueva propuesta.

Sino para intentar reabrir una decisión que ya había sido tomada.

La llamada, como era de esperar, volvió a nosotros.

Tuvimos que solicitar un presupuesto que ya conocíamos y que duplicaba el de la persona finalmente seleccionada.

Invertimos tiempo en una gestión innecesaria.

Y, al final, todo terminó exactamente donde había empezado.

No es la primera vez que ocurre.

También pasa con DJs.

Con proveedores.

Con artistas.

Con empresas.

«¿Por qué no habéis contado conmigo?»

La respuesta casi nunca es sencilla.

Porque hay presupuestos.

Porque hay estilos diferentes.

Porque hay disponibilidad.

Porque hay objetivos concretos.

Y, sobre todo, porque hay que elegir.

Pero muchas veces, en lugar de aceptar esa decisión, aparece la misma reacción.

«Ya hablaré yo con el Ayuntamiento.»

Y ahí es donde creo que perdemos de vista algo importante.

El Ayuntamiento es mi cliente.

Si hemos valorado todas las opciones y hemos tomado una decisión conjunta, ¿por qué alguien considera legítimo intentar cambiarla hablando directamente con quien está por encima?

Esta situación no ocurre solo en los eventos.

También sucede dentro de las empresas.

¿Por qué ese puesto es para otra persona?

¿Por qué ese proveedor?

¿Por qué ese artista?

¿Por qué ese compañero?

Como si cada decisión tuviera que justificarse de forma individual a cualquiera que no esté de acuerdo con ella.

Creo que estamos perdiendo la capacidad de aceptar que no siempre somos la opción elegida.

Vivimos en una cultura donde parece que todo puede negociarse si conocemos a la persona adecuada.

Como si un «no» fuera simplemente el comienzo de otra conversación.

Pero hay decisiones que ya han sido tomadas después de analizar opciones, comparar propuestas y asumir responsabilidades.

Intentar cambiarlas desde otro lugar no demuestra más interés.

Demuestra muy poco respeto por el proceso.

Cuando un «no» también es una respuesta

De mi experiencia he aprendido que decidir nunca deja a todo el mundo contento.

Pero también he aprendido que la confianza se rompe cuando cada decisión puede ser cuestionada por quien tenga el teléfono adecuado.

Porque entonces ya no hablamos de criterios.

Hablamos de presión.

Y una organización no puede funcionar si cada «no» termina convirtiéndose en una negociación paralela.

Quizá la profesionalidad no se demuestra únicamente cuando te eligen.

También cuando no lo hacen. 

Y, aun así, respetas la decisión.

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