No quiero hablar de levantarse a las cinco de la mañana, salir de la zona de confort ni perseguir constantemente nuevos retos.
Quiero hablar de algo bastante más cotidiano.
De lo fácil que es acostumbrarnos a que nos lo den todo hecho.
Y creo que todos podemos caer en eso.
No importa la edad, la profesión ni cuánto tiempo llevemos trabajando.
La comodidad aparece poco a poco. Cuando dejamos de preguntarnos por qué. Cuando repetimos lo que ya conocemos. Cuando esperamos que alguien nos diga cómo hacerlo.
Y ahora tenemos además una herramienta fantástica que puede hacer muchas cosas por nosotros.
La inteligencia artificial.
Y precisamente por eso creo que tenemos que aprender a utilizarla sin dejar que ella haga algo que nos corresponde a nosotros: pensar.
La IA nos facilita mucho la vida
Utilizo inteligencia artificial.
Y me parece una herramienta increíble.
Puede ayudarte a ordenar una idea, buscar enfoques, mejorar un texto, explicarte algo que no entiendes, darte alternativas o ayudarte a empezar cuando tienes la cabeza en blanco.
Eso es fantástico.
El problema no está en utilizarla.
El problema aparece cuando dejamos de hacer nosotros aquello que antes hacíamos porque ahora podemos pedírselo a una máquina.
Podemos preguntarle qué escribir.
Qué título poner.
Qué ideas tener.
Cómo resolver un problema.
Qué decir.
Y si nos acostumbramos demasiado a eso, podemos terminar perdiendo algo por el camino.
La costumbre de pensar por nosotros mismos.
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